Si se hiciese una encuesta, la mayoría cincidiríamos en
que un porcentaje muy elevado del gran éxito de nuestra cofradía
entre la población, aparte del aspecto religioso, reside en el
hecho de que cada año el Cristo visite un barrio distinto de
nuestra población.
Era la Semana Santa de 1943, con
el dinero cobrado de unas papeletas de lotería premiada con la
terminación 130 que el párroco de aquél entonces,
había regalado a Don Octavio Férris para el sorteo de
navidad, se adquirió en Valencia un crucificado realizado en
pasta de madera, también denominada de Olot y con un coste de
2000 pesetas de la época. Este crucificado con unas andas compradas
a la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad, fue bendecido y partió
en su primera procesión desde el Ex-Convento hasta la Iglesia
pasando por la calle San Juan. Nacía así la primera Procesión
del Silencio de nuestra Cofradía.
Aunque no debía resultar
muy grato para los cofrades penitentes, a tenor del artículo
que aparece publicado en la revista Cruzada durante la Semana Santa
de 1946:
"... Para terminar
hacemos una llamada al pueblo. Una llamada que deseamos se interprete
en su sentido exacto. Existe en nuestra ciudad una costumbre que se
nos antoja antilitúrgica, dado el sentido reparatorio de las
Procesiones de Semana Santa y es la de que los chiquillos metan ruido
delante de la procesión del Viernes Santo. Esto puede ser costumbre
arraigada pero contribuye de una manera enorme a deslucir el desfile
procesional, deshaciendo el silencio que le puede envolver. (...) y
si alguien dice a esto que no, le replicaremos que en los primeros años
de nuestras cofradías se nos rompieron faroles a pedradas, fueron
lanzados botes de orines, piedras, etc..., ante la inactividad de la
guardia municipal..."
Tras la Procesión del Silencio
se celebraba un Via Crucis en el que los cofrades, cargados con grandes
cruces de madera, que aún se conservan, iniciaban la subida hasta
la Ermita de Santa Bárbara.
Hoy en día es más
agradable desfilar acompañando a nuestro Titular, desde 1993
se ha dotado a la Procesión del Silencio de una estructura fija
en la formación, así la Cruz de Guía flanqueada
por dos faroles de mano baral, abren el desfile, les siguen un grupo
de cofrades de luz , la banda de tambores infantil, con sus 24 miembros
y a continuación el grueso de cofrades de luz. Los más
pequeños en formación de romería y entre los hermanos
de luz, preceden al Estandarte de la Banda de Tambores Titular, con
sus 45 miembros, a continuación llega el Estandarte de la Cofradía
seguido por cuatro faroles de mano baral y dos cofrades con incensario,
éstos anuncian la inminente llegada del Santísimo Cristo
Crucificado en su trono portado a hombros por cuarenta costaleros, para
cerrar el desfile con otro reducido tramo de hermanos de luz, que acompañan
al sacerdote oficiante y a la presidencia de la Procesión.
Doce cofrades, los llamados organizadores
de filas, se encargan de coordinar y organizar el desfile; José
Durá, Javier Ríos, Juan Carlos Ríos, Oscar Martínez,
Lucía Gimeno, Macarena Gimeno, Perfecto Pina, Mª José
Sanchíz, Oscar Guilló, Noelia Gisbert y Pablo Jaén,
su cometido es velar por que no se produzcan cortes, organizar la salida
y entrada del Templo, teniendo en cuenta que desfilan más de
quinientos cofrades.