Nuestra Imagen

La Imágen

La talla , que mide 1.75 m., está gubiada en madera de cedro y representa el pasaje evangélico que registra la tercera palabra del Gólgota:

"Mujer ahí tienes a tu hijo" (Juan XlX, 26). La imágen de gran realismo, serena belleza y dulzura en el rostro, más cerca de la escuela andaluza que de la castellana (del XVl al XVll), en la que el patetismo y el derramamiento de abundante sangre se hacen presentes, no presenta la humillación y el dolor. Revestido de la máxima dignidad, no hay en su rostro el menor signo de padecimiento y en su expresión vemos más amor que recriminación.

Cristo aparece aún vivo en la cruz, fijado por tres clavos, por lo que presenta una silueta tendente a la verticalidad, erguida y mínimamente quebrada. El cuerpo presenta varias laceraciones, quedando la cabeza girada hacia la derecha, la frente despejada y las cejas de trazos finos y rectos. Los ojos aparecen entreabiertos, bien trazados y gubiados. Los pómulos aparecen bien marcados. La nariz es recta y amplia. La boca, de pronunciado labio inferior, aparece entreabierta, pudiéndose apreciar la talla de la dentadura superior.

La cabellera se presenta repartida desde el centro superior del cráneo, cayendo un gran mechón realizado con finos rizos, sobre el pectoral derecho. En el lado izquierdo el pelo queda deslizado hacia atrás, dejando libre el cuello y el pabellón auditivo de dicho lado. La barba, está tratada con la misma técnica de la cabellera, siendo ésta ligeramente redondeada. La Corona de Espinas queda tallada en bloque con la testa. El sudario o paño de pureza es del tipo "cordífero", quedando anudado sobre la cadera derecha, donde forma un lazo y deja al descubierto la desnudez de dicho costado.

La obra realizada por el escultor monovero Don José María Alarcón, en el año 1.946, fue encargada y regalada a la Cofradía por Doña Encarnación Blanes, gran devota de la imágen del Santísimo Cristo Crucificado. No habiendo trascendidola cantidad que se llegó a pagar por dicha obra, sí nos consta el gran sacrificio que tuvo que hacer ésta devota señora para cumplir los pagos al artista.

En el año 2002, ante el avanzado estado de deterioro que presenta la Cruz del Cristo, se encarga un estudio a la empresa J.J.Ros del cual se desprende que sufre una grave afección por xilófagos y corre peligro de atacar también a la talla del Cristo. Se inician las oportunas gestiones para la restauración o en su caso la realización de una nueva Cruz. Se opta por la realización de una nueva, en madera de cedro, tallada a mano y réplica exacta de la antigua, obra de Don Domingo GArcía Chahuán. Se procedió a su bendición en la Misa de la Novena de la Virgen del Remedio, patrona de nuestra ciudad.

 

El Escultor

Don José Mª Alarcón Pina, según consta en el registro civil, este artista nació el 11 de junio de 1.911 en Monóvar (Alicante), en la calle Colomer, fué bautizado el 18 del mismo mes con los nombres de José María Fabián. Era hijo de Angel y Silvestra.

Sus primeros pasos los dió en la academia que dirigía el gran maestro de pintura Don Juan Mallebrera (Llau). Bajo su tutela artística expuso sus primeras obras pictóricas: Apuntes diversos a pluma, (copia y del natural) y Dibujo del antiguo y escultórica: Composición alegórica de Don José Echegaray (relieve original), en la Exposición que se celebró en el Ayuntamiento de Monóvar en Septiembre de 1.927.

Al final de la década de los años veinte, se trasladó a Madrid donde estudió becado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, coincidiendo con el también pintor monovero Don Luis Vidal Maestre, así como con el pintor soriano -afincado desde los años sesenta en Monóvar- Enrique Cosín. Todos ellos con la inquietud común de plasmar expresiones y paissajes.

Después de conseguir la cátedra impartió clases en las Universidades de Aranjuez y Gregorio Marañón.

Aunque su obra es muy variada y extensa, sólo conocemos parte de la misma. La razón hay que atribuirla a su carácter reservado y también a su deseo de pasar desapercibido, que le condujeron a no firmar muchos de sus trabajos escultóricos. Caso del Santo Sepulcro de Monóvar, en la que falta la firma y la fecha de la imágen, fué debido a las circunstancias de la época. Por el libro de caja de dicha Cofradía en el que aparecen entregas a cuenta al Sr. Don José Mª Alarcón por la realización de una imágen nueva desde julio de 1.944 a marzo de 1.945, se confirma la indiscutible autoría de la obra.

Algunas de sus onras son: San Francisco de Asís (Capilla del Sanatorio del mismo nombre), La Milagrosa (Iglesia de San Antón Mártir), Virgen (Colegiop de las Maravillas), Cristo (Iglesia de Covadonga en la plaza Manuel Becerra), todas ellas en Madrid.

Para Monóvar talló tres de sus pasos procesionales: Cristo Yacente (1.945) para la Cofradía del Santo Sepulcro, Santísimo Cristo Crucificado (1.946) y Nuestra Señora de los Dolores (1.947), además de tallar las andas procesionales para la Cofradía del Santo Sepulcro antes mencioada.

De intensa laboriosidad artística podemos destacar el profundo realismo. Las imágenes están talladas en madera y policromadas, lo que acentúa la veracidad con un estilo caracterizado por la rugosidad de sus paños que logran un efecto de claroscuro, pero manteniedo la serenidad clásica que a lo largo de los siglos XVl y XVll propagó la escuela andaluza, huyendo del excesivo dolor, para recaer en la belleza sosegada.

Las obras que se recojen en la Iglesia Arciprestal de San Juan Bautista de Monóvar, presentan un estilo muy particular, en las que la emoción y tratamiento del dolor o dramatismo, varían según la temática, caso de Nuestra Selora de los Dolores, cuyas lágrimas sse muestran latentes, pero sin desesperación, manteniéndose la calma en este tema, que tan querido ha sido a lo lardo de la historia por la devoción popular. El Santísimo Cristo, para cuya realización tuvo por modelo a un allegado familiar, y el Cristo Yacente, no muestran las grandes derramaciones de sangre de las que gustó a la escuela castellana (del XVl al XVll) con lo que le resta de dramatismo. El prototipo del Cristo, es el Cristo Yacente del Pardo de Gregorio Fernández, a partir del cual se han realizado cientos e imitaciones con diferente tratamiento, pero manteniendo la misma dinámica y posición.

Don José Mª Alarcón falleció en Madrid donde residía, un gélido día del mes de febrero de 1.999 a la edad de 88 años. Con gran clarividencia y lucidez hasta sus últimos días, en los que todavía trabajaba dando forma a un Cristo tallado en madera, nos dejó el testimonio de su dedicación y arte para la posperidad, que le califica como uno de los artistas levantinos más importantes del siglo XX.